Historia

A la sombra del viejo castillo casi derruido del siglo XII se encuentra la villa de Huerta de Valdecarábanos. Se ubica en la Mesa de Ocaña, linda con los términos municipales de Yepes, Ocaña y Cabañas de Yepes al norte, Dosbarrios al este, La Guardia, Villanueva de Bogas y Mora al sur, Villamuelas y Villasequilla al oeste. Tenemos una extensión de 83 Km2 y una población de 1.850 habitantes.

Centrados ya, en la ubicación de este pequeño pueblo de la meseta castellana, echaremos la vista atrás para encontrar los primeros pasos de la villa de Huerta. Este pueblo está situado exactamente en la línea de repoblación del Tajo, que adquiere toda su importancia a partir de la conquista de Toledo en 1085. Desde la segunda mitad del siglo XI las tierras del sur de este río van a ser zona de tensión de la reconquista y a través de ellas va a tener lugar una ocupación humana del mayor interés. En los primeros tiempos del emperador Alfonso VII, estas tierras centrales del Tajo sufrieron más que ninguna otra, y le dieron una gran fuerza al poder real, permitiendo asentar en ellas a las órdenes militares, ya que se trataba de un territorio fronterizo y nadie mejor que ellas podían representar el papel de centinelas.

Pero quizás lo más destacable aquí sea el complejo fenómeno del origen y caracteres de la población que en estas tierras se asienta. En este lugar de Huerta veremos una primitiva colonia mozárabe originaria de Málaga, a la que da tierras el emperador Alfonso VII. El movimiento de estas minorías religiosas mozárabes tendrían un rasgo importante, que hace notar Menéndez Pidal, es que las invasiones africanas de almorávides y almohades tendieron a africanizar a los musulmanes españoles que hasta ese momento tenían un marcado sello de españolismo. Esto motivó una corriente nueva de ideas contrarias, en general, a la convivencia, relativamente frecuentes antes. Así las masas de mozárabes, fuertemente castigadas durante el siglo XI, huyen al norte, a la línea del Tajo, para sumarse a la población cristiana.

En estas circunstancias aparece por primera vez el nombre de Valdecarábanos en un documento de la Orden de Calatrava, fechado en Toledo el 4 de noviembre de 1.154, por el cual el rey Alfonso VII dona a Miguel, arcediano de Málaga y a otros mozárabes la aldea de “Pastor” situada a orillas del Tajo, en Valle de Carábano.

Si volvemos al núcleo de personas a quienes el monarca dio tierras en esta primitiva aldea, lo más interesante es su origen y su naturaleza. Para determinar la fecha aproximada en que llegaron al reino de Toledo es necesario fijarnos en los distintos movimientos migratorios que tuvieron lugar a lo largo de la centuria. Según Julio González se inclina a pensar que procedían de la gran inmigración de 1.125 “Sorprende que rebasen los mozárabes toledanos el siglo XII, pero se explica, porque fue reforzada considerablemente en este último siglo con los numerosos emigrados procedentes de la expulsión general de 1.125 decretada en el sur por los almorávides…”. Es decir, que los habitantes nuevos de Huerta serían algunos de estos mozárabes huidos de los almorávides.

Así pues, en 1.154 en el lugar de Valdecarábanos tenemos una colonia mozárabe compuesta por Miguel, Arcediano de Málaga; Abdimelcam, Lucefuet, Alpacion, Llelietit, hijo de Cazin; Cidirex, hijo de Abdimelcez; Abahamor, hijo de Albaza; Michaeli, Iahiah, hijo de Azalón, Iunit, hijo de Abdilazit; Eli Algaravi; Fatecón, hijo de Abeifeila; Iucefet, hijo de Iaiaz; Iaeicet, hijo de Chaier; Abdilazit, hijo de Abdelamit. La donación es plena con todas sus posesiones, y la misma determinación en que se hace indica, como ya hemos dicho, la existencia de un lugar anterior.

La villa pasó con fecha desconocida a poder de Pedro de Torquemada y su mujer, María Arnaldi, quienes la cedieron a la Orden de Calatrava, recién creada. Así consta en un documento de confirmación de Alfonso VIII del año 1.207 y también aparecen Martín Pérez, Comendador de Orta (Huerta). Esto indica que el lugar constituía un punto defensivo en la línea al sur del Tajo que la orden y los reyes tuvieron que defender, así la fortaleza aludida de Huerta acaso fue mandada construir o renovar por D. Martin Martínez, Maestre de Salvatierra. En 1.204 el mismo Maestre Martin Martínez dió fuero a la villa lo que prueba que ya existía un núcleo de población lo suficientemente numeroso como para determinar una situación jurídica escrita. Esta zona empezaba a tomar estabilidad y firmeza en sus instituciones: pasaba de ser frontera simplemente militar a convertirse en región, lo bastante segura como para asentarse una población1.

En el siglo XIII nuestra villa pertenece a la encomienda de la Orden de Calatrava y en el 1.204 se le otorga fuero, es decir nos concedieron unos estatutos jurídicos que regulaban la vida local mediante un conjunto de normas, derechos y privilegios otorgados por el rey. En este fuero, nos encontramos, en principio, con una determinación de grupos simples. En la relación de potestad en Huerta como en otros muchos lugares, el rey –el Señor- es sustituido por el Maestre de la Orden; pero ante él se dan las mismas formas de derecho, y a su vez, puede el Maestre poner en la villa una autoridad en su nombre, el Comendador. En este fuero se establecen los privilegios de que gozarían los miembros de la orden como administradores de la orden:

  • De todos los hornos establecidos en nuestra villa, la encomienda tomaría uno.
  • A los miembros de la orden se entregaría un pan de cada veinte.
  • Cada vecino pagaría medio maravedí por navidad y uno por la festividad de San Miguel.
  • Todas las tiendas serían de la orden que las alquilaría.
  • Los carniceros estaban obligados al pago de 8 libras de vaca, 8 de asno, 6 de ciervo, 1 libra de carnero, 1 de cordero, 1 libra de macho cabrío, 1 de cabra…2
  • Se reconoce una asamblea de vecinos, el “consiliobonorumhominum” es decir, una colectividad al lado, más bien que frente a los caballeros de la orden, ya que esta asamblea con el comendador son quienes deben poner los alcaldes y el juez. Así nos encontramos que las funciones de la asamblea pasan a oficios individuales, distinguiéndose claramente entre el juez y los alcaldes con funciones distintas. Estas autoridades deben ser elegidas entre los vecinos de la localidad. El papel y la importancia del papel de juez queda claramente marcada en cuanto se determina que ningún hombre del comendador puede entrar en casa del vecino salvo el juez. Por tanto, se considera una total garantía a los habitantes de la villa frente al poder señorial, en este caso a la poderosa orden.
  • Otro importante punto de interés es la exención que gozaban los vecinos de Huerta, quedaban libres del servicio militar, serían los caballeros los encargados de este servicio a cambio de la compensación económica.


El Siglo XVI tiene una enorme trascendencia por los cambios que en la villa tienen lugar. Sucede un hecho notable en lo que a Huerta se refiere. Cuando los maestrazgos de las órdenes pasan a la corona, ésta tiene en sus manos un cuantioso tesoro de tierras con los que hacer una política de atracción de la nobleza. Así van creándose mayorazgos adquiridos por los nobles a veces a buen precio. De esta manera, además, la corona tiene unos medios que precisaba para su gran política europea3.

En 1539 Fray García de Loaysa, Cardenal Arzobispo de Sevilla, nacido en Talavera de la Reina fue además de Arzobispo, inquisidor de la Orden de los Dominicos y maestro general de la Orden de los Predicadores. En 1.522 fue nombrado confesor del Emperador Carlos V. Murió en Madrid en 1.546 y su sepultura fue profanada por las tropas francesas en la guerra de la Independencia, adquiere por compra el señorío de Huerta al Emperador Carlos V mediante escritura, y por un precio de 10.904.370 maravedíes. Así de esta manera el Cardenal Arzobispo de Sevilla, don García de Loaysa, fundó el mayorazgo de la villa de Huerta, que habrían de disfrutar su sobrino don Álvaro y descendientes legítimos.

En 1575 el mayorazgo de Huerta pertenecía a D. Félix de Loaysa. En 1.577 Felipe II otorga licencia a la villa para establecer un pósito para el almacenamiento de cereales. También por esas fechas nuestro salitre adquiere una gran importancia por su calidad en la fabricación de pólvora, que necesitaba el ejército español en sus continuas guerras. En 1.588 a Doña Catalina de Loaysa y Manrique, mujer de Don Esteban de Ayala. Durante el siglo XVII sigue el pueblo en poder de la familia Loaysa, en 1652 posee la propiedad D. Francisco de Cavajal y Loaysa y Meneses, de este señor pasó Huerta a los Vizcondes de Salmes. También se tiene constancia de la ruina de la fortaleza que se iba consumiendo con el tiempo. En 1725 tomó posesión del castillo un apoderado de la señora de la villa, doña Teresa María de Meneses Carvajal y Loaysa, mujer de Don Vicente de Argote y Fernández de Córdoba, Conde de Foncalada. Sucedió en el señorío doña Leonor de Zúñiga, marquesa de Baides y condesa de Loriana, que tomó posesión en 1745. En 1749 el apoderado de Doña María Ana Sarmiento de Sotomayor y Loaysa, todo un siglo regido por mujeres. Así continuó el señorío en poder de los condes de Salvatierra y sus sucesores los duques Híjar mientras se iba destruyendo la fortaleza del cerro. Diremos algunos datos sobre la fortaleza, tantas veces citada. Pertenece a la arquitectura militar de los siglos XII y XIII. Situado sobre el cerro que domina la villa, tuvo tres recintos; hasta hace poco se conservaban vestigios del foso y del recinto del exterior. El interior, que coincide con la meseta del cerro, viene a tener unos sesenta metros de lago por quince de ancho, en dirección de este a oeste. En el centro del recinto se nota una depresión donde debió de existir un aljibe, la entrada al castillo estuvo situada en la parte meridional, frente al pueblo. Cuando se edificó el cementerio cercano se extrajo para la obra mucha piedra de esta fortaleza.

Hacia el 1845, la villa, según consta en el diccionario geográfico de Madoz, tenía “quinientas casas con la del ayuntamiento y cárcel; escuela de niños dotada de 4.000 reales, a la que asisten 100; otra de niñas, sin dotar, a la que asisten 80. Iglesia dedicada a San Nicolás de Bari, con curato de entrada y provisión ordinaria; en las afueras una ermita dedicada a Nuestra Señora del Rosario, con el título de pastores. El correo se recibe en Ocaña por valija tres veces a la semana. Produce trigo, cebada, cáñamo, uva y aceite, ganado lanar y el necesario para las labores: industria y comercio, arriería y la venta de cáñamo. La población es de 530 vecinos con 2.005 almas, con una capacidad productora de 2.924.237 reales, del que se pagan 4.400 al secretario y se cubre con el producto que consiste en la venta del almotacén, subasta de las agua del común, arriendo de los pastos de un prado llamado La Veguilla y de una tierra de labor. Se padecen tabardillos y tercianas, y el viento que domina es el solano.”4

Nuestros predecesores de mediados del siglo XVIII y primera mitad del XIX, crearon para nuestra villa un callejero de un acusado localismo. La toponimia se ha conservado en algunos casos, y ha sido modificado en otros. Por su temática las calles pueden ser clasificadas de la forma siguiente:

  • De carácter religioso: San Bartolomé (anteriormente Calvo Sotelo), San Sebastián (antes Pedro de Mora), Cruz de los Azotes (de localización incierta).
  • Por su enclave geográfico, o en su lugar concreto: camino de Yepes, calle de Mora o de San Sebastián, calle de Andalucía o calle de Granada (antes Acisclo de Mora).
  • Por su función social: plaza pública (antes Plaza de los Mártires y recientemente Plaza de la Constitución), Plaza del Juego de la Pelota (Plaza del Mercado en la actualidad), Plaza de la Iglesia (hoy Fray Bernabé García-Cezón).
  • Por características intrínsecas de la calle: calle de Sal si Puedes, calle de las Ventanas (hasta hace poco General Mola), Los Mesones (Vicenta de Mora hasta tiempos recientes), Las Posadas (antigua calle de El Águila), La Cantera de El Turco (El Turco actual)…

Otras son de localización incierta como las siguientes: Calle de San Blas, calle de Los Sótanos, calle Manzanillo, calle de La Cruz de los Azotes, calle de Juan Lucas, calle de la Falta Riqueza, calle de Sal si Puedes, calle Palomeca, calle San Marcos, calle de La Estación, calle de la Faltriquera...5

La casa llamada “esquina de la Barrena” o calle Toledo, cuyo dueño fue Pascual Nuño de la Rosa, comisario principal para la ejecución de la desamortización de la iglesia durante el Siglo XIX6, en la zona de la sagra; en esta casa nos encontramos en la portada un patio típico toledano. En la planta superior destacan dos estancias; dormitorio principal y cocina. Es en el dormitorio con dos salas, la primera con frescos de escenas relativas a la caza nos sirve de preámbulo para acceder a una sala amplia, donde se destaca la abundancia pictórica, centrada en torno al “tiempo cronológico”. Alegorías relativas a las estaciones del año enmarcadas en hornacinas y querubines, ejemplo de lo que podíamos denominar barroquismo neoclásico. Volviendo al nivel inferior de la vivienda, existía un antiguo oratorio familiar, donde se podía contemplar, aunque con dificultad, escenas de Santa Teresa, Santa Bárbara, el martirio de Santa Catalina y el Pozo de la Samaritana7.

En 1.901 la población era de 1.846 habitantes, nuestro alcalde era Tomás Moralobo Martínez y nuestro párroco se llamaba Enrique Corral Reig. El alumbrado era por petróleo y existían, 2 abogados, 14 tiendas de comestibles, 1 estanco, 1 farmacia, 3 frutas del país, 5 ganaderos, 1 médico, 3 posadas, 7 tabernas, 3 comercios de tejidos, 1 veterinario, 1 cosechero de vino, 2 zapaterías. En las reseñas anteriores nos prueba que el pueblo tenía medios, no despreciables si la comparamos con la generalidad de los lugares de la región.8

La hacienda de los señores de Huerta, que pertenecía a finales del siglo XIX a los Duques de Híjar, fue a parar por compra a Don Adolfo Bayo, en cuyo poder permaneció hasta muy avanzado el siglo XX. Lo más identificativo en el palacio de los Loaysa es la portada de piedra que consta de dos cuerpos. El inferior tiene dos columnas finas y un ancho entablamento sobre el que aparecen, a los dos lados, dos flameros y en el centro un escudo rematado por un capelo cardenalicio. El segundo cuerpo tiene dos columnas, entablamento y frontón triangular con sobria decoración de grutescos. En el friso se lee la siguiente inscripción: “AMOR DEI NON EST OCIOSUS”. Por encima del frontón se ven tres pequeños flameros. El conjunto es un bello ejemplo de la arquitectura plateresca española9.

Descripción demográfica:

Se desliza desde la cima que coronó la fortaleza, “el castillo”, hasta extenderse suavemente por la llanura que comienza allí. Fue, durante mucho tiempo, punto defensivo en relación con otros lugares geográficamente semejantes y cercanos que bordean el Tajo por su margen izquierda antes de llegar a Toledo. Tiene también un gran interés geográfico por marcarse una divisoria de cerros-testigos, formando alrededor el núcleo del pueblo, y que muestran sus laderas calizas, suaves y gastadísimas, ausentes de vegetación arbórea, por lo que el paisaje tiene un carácter desnudo.

La mesa de Ocaña es una unidad geográfica caracterizada por una superficie plana que presenta una altura media de 710 metros y máxima de 740 metros. Ha sido labrada en el norte y oeste por el río Tajo y en el sur por su afluente el arroyo Cedrón, que confluye con el arroyo Melgar adoptando el nombre de este último. Estos ríos han excavado hasta cotas próximas a los 540 metros, por tanto, el máximo espesor de sedimentos aflorante en la mesa es de 200 metros. Estratigráficamente, la zona de estudio aparece constituida en su integridad por materiales neógenos y cuaternarios que se disponen subhorizontalmente10.

Descubrimos la riqueza natural en la austeridad de los cerros yesíferos, colonizados por esparto, albardín, tomillo, líquenes… y entre sus raíces, narrándonos los orígenes geológicos, encontramos cristales de yeso y fósiles sobre calizas, depositados en grandes lagos cerrados de la era terciaria. Transitamos por una llanura en declive hacia el sur, hasta las planicies inundables de la Vega, terrenos de margas y yesos, por donde discurre el arroyo Melgar-Cedrón. Aquí se localizan los singulares matorrales, pastizales y estepas salinas, constituidos por plantas amenazadas y bien adaptadas a la inundación y salinidad. Este humedal ribereño es refugio para el galápago leproso y también zona de campeo del águila imperial, aguiluchos laguneros y cenizos, primillas y numerosas aves acuáticas. Si giramos hacia el norte, hacia la red de barrancos que se descuelgan, desde la meseta hasta el valle del arroyo de la Madre, sus laderas están salpicadas de encinas y pequeños enclaves de coscoja, dispuestos en los escarpes calizos. Ascendiendo, el final del valle nos abre la puerta a la altiplanicie del páramo, terreno raso y extenso, morada de ortegas, sisones, alcaravanes, gangas y avutardas. En el borde del páramo con una altitud de 700m., la panorámica del valle Arroyo Melgar-Cedrón y las sierras del horizonte: Montes de Toledo y montes islas del macizo cristalino (cerros del Buen vecino-Almonacid, Sierra de la Oliva y Sierra de Nambroca). El Cerrón de Huerta, cerro testigo con fósiles en las calizas miocénicas (fauna: gasterópodos, pelecípodos y algas characeas. Edad: de 6,5 a 5,3 millones de años. Los paisajes de la Vega, donde encontramos las huellas de la ganadería extensiva tradicional con Vías pecuarias y casas de ganado como la Casa de la Vega, hoy en ruinas. La microreserva de los Saladares de Huerta de Valdecarábanos, que se ubica en la Vega, hábitat prioritario, con Estepas salinas mediterráneas, matorrales salinos de plantas barrilleras (alacranera o sosa jabonera, salicornia, almajo salado, almajo dulce, sisallo) formaciones de coralillo, con praderas con limonios y juncales de almorchín. Al fondo del arroyo de la Vega-Cedrón con áreas inundables, con carrizos, espadañas, masiega, juncales y tarayales, con el pozo, en ruinas también con noria de cangilones, en el acuífero aluvial. El ecosistema acuático del arroyo Vega-Cedrón, con mamíferos, anfibios, peces (barbos, bermejuelas, colmilleja), insectos (libélulas y caballito del diablo y otros invertebrados. La veguilla y la dehesa, zonas ganaderas de vacuno y equino, en prados encharcables de estepas salinas, zonas de interés ornitológico: anátidas, limícolas, paseriformes palustres, aguiluchos, córvidos, primillas, águila calzada, ratoneros, garzas, avocetas, avefrías. Los cerros del paraje del Espolón, donde se extraía arcillas rojas y verdes del aragoniense inferior (Mioceno medio-Edad 16 a 14,5 millones de años) para uso en cerámica. En el valle del arroyo de la Madre nos quedan vestigios etnográficos y arqueológicos, casa cueva, molinos de agua y viento, pozas de maceración de esparto y cáñamo, así como la huella histórica del uso del agua. Las casa de Horcajo del siglo XIII y relacionadas con la Orden de Calatrava, y la ermita de la Virgen del Socorro. Las antiguas minas de agua, en el camino de Ocaña, que dotaban de suministro de agua potable a la villa11. Y por último el cerro llamado del calvario, donde se encuentra la ermita dedicada a la Virgen del Rosario de Pastores, con su inigualable arquitectura; un paraje de pinos y setos, que nos invita al sosiego y la tranquilidad.



Inmaculada Adán Valero


Notas:

  1. Cepeda Adán, José. Notas para el estudio de la repoblación en la zona del Tajo. 1.955.
  2. Prieto Pérez. ,Luis Miguel. Recorrido histórico-artístico en la villa de Huerta de Valdecarabanos.
  3. Cepeda Adán, José. Notas para el estudio de la repoblación en la zona del Tajo.
  4. Madoz, Pascual. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones en Ultramar (1845-1850).
  5. Prieto Pérez, Luis Miguel. Recorrido histórico-artístico en la villa de Huerta de Valdecarábanos.
  6. Porres Martín-Cleto, Julio. La desamortización del siglo XIX en Toledo.2001.
  7. Prieto Pérez, Luis Miguel. Recorrido histórico-artístico en la villa de Huerta de Valdecarábanos.
  8. Almanaque Riera. 1901.
  9. Cepeda Adán, José. Notas para el estudio de la repoblación en la zona del Tajo. 1.955.
  10. Sanz Montero, Mª Esther y Rodríguez-Aranda, Juan Pablo. Significado de las costras calcáreas pliocenas de la mesa de Ocaña.
  11. Fernández García del Rincón, Luis. Ruta de los arroyos, itinerario para realizar a pie, bicicleta o caballo.2011.