Cuevas y casas cueva

Si iniciamos un recorrido por las calles y los alrededores de nuestro pueblo, pronto nos encontramos con una serie de cuevas y casas cueva, ahora prácticamente deshabitadas, pero que en otro tiempo fueron utilizadas por nuestros antepasados, bien como vivienda habitual o bien como almacén o depósito de víveres.

Las cuevas han sido utilizadas por el hombre desde la épocas prehistórica y han continuado utilizándose hasta la actualidad. Es posible que ya no sean las cuevas como cavernas o abrigos naturales, en las que la tierra sirve como tejado y protege de las inclemencias del tiempo y frente a posibles intromisiones del entorno exterior, ya que su configuración ha ido modificando el terreno para adaptarlo a las necesidades de cada momento; pero lo que si es cierto es que a lo largo de la historia han ido desarrollando una muy original geografía urbana.

Este tipo de hábitat, peculiar por otra parte, no es privativo de Huerta, ni tan siquiera de la provincia de Toledo, donde por otra parte encontramos interesantes ejemplos como las cuevas del Santo Niño de la Guardia o los Silos de Villacañas, sino también en otras provincias, como en Casas de Juan Núñez, en la provincia de Albacete; Guadix, en Granada; Vilches, en Jaén; Paterna, en Valencia; e incluso en otros países de nuestro entorno más o menos lejano. Por otra parte, la cueva ha estado siempre muy ligada a la tradición cristiana: la cueva de la Anunciación de Nazareth, la de la Natividad en Belén, el Santo Sepulcro en Jerusalén, la gruta de Masabielle en Lourdes, son algunos ejemplos.

Construidas sin hacer uso de grandes alardes arquitectónicos, sus formas y volúmenes se adaptan a las características de la roca en la que hayan sido excavadas y de la originalidad y necesidades del que las construye. Es por ello que llegan a confundirse con el paisaje, provocando la aparición de un entorno singular.

Tres son las zonas fundamenta donde podemos, o podíamos, encontrar cuevas en Huerta: El Castillo, El Pilar y El Santo. Sólo en el primer caso podemos hablar realmente de cuevas destinadas a hábitat subterráneo, mientras que en el último caso estuvieron destinadas a bodegas y almacenaje. A todos nos resultan familiares las cuevas “del Castillo”, “del Calandrajo”, “del Canijo”, “El Santo”, etc.

Dentro del grupo destinado a almacenaje, otro ejemplo de arquitectura subterránea del que también hemos conocido algunos ejemplos en nuestro pueblo, es el de los sótanos, como habitáculos abovedados y semienterrados destinados a guardar los útiles y aperos de la trilla, y que posteriormente dieron lugar a las casillas de las eras, que en principio también conservaron la cubierta de bóveda.

Pero quizás el grupo más importante de cuevas sea el de “El Castillo”, y es que cuando ascendemos por las calles que nos llevan hasta el castillo y recorremos las planicies que circundan la, imaginamos que en otro tiempo enhiesta fortaleza, podemos comprobar un estilo de viviendas que se ha ido perpetuando a lo largo del tiempo. Aunque son muchas las que han desaparecido, aún estamos a tiempo de recuperar las que, con mayor o menor fortuna aún se siguen conservando, tanto en la zonas adyacentes a la c/ Del Castillo y c/ Héroes de Aviación, como en las confluencia de Arrabal de las Tejeras, y en las calles Jacinto Benavente y Ramón y Cajal.

El origen de las cuevas y casas cuevas puede variar dependiendo de la ubicación. En nuestro caso es muy probable que puedan ser datadas de forma coetánea con el castillo, como obras ligadas a la civilización musulmana. En este sentido podemos señalar que, si bien en algunos otros lugares pudieron haber servido de cobijo a algunos sectores sociales que por una u otra causa tuvieron que esconderse o alejarse del poder, no parece ser este el caso de las cuevas y casas cuevas de Huerta, ya que su ubicación hace improbable este razonamiento. Por el contrario podríamos decir que su funcionalidad y su origen estén más ligados a situaciones de dependencia y que se trate de un tipo de vivienda asequible para la población con menos posibilidades jurídicas y económicas. En este sentido, en Huerta se ha dado la circunstancia de que la propiedad de estas cuevas ha estado a lo largo del tiempo quizás insuficientemente justificada, por lo que las diversas corporaciones municipales se han visto en la necesidad de, con el fin de facilitar y mejorar las condiciones de habitabilidad de nuestros convecinos, y a un precio simbólico, ceder parte del suelo público para que los usuarios y habitantes de estas cuevas fueran dando el paso de convertir el habitáculo inicial en casas cuevas tal y como las conocemos en la actualidad.

Este tipo de arquitectura se adapta al medio y a la actividad que se desarrolla en nuestra zona pero en todo caso cabe señalar que en Huerta la mayoría de las cuevas son obra exclusivamente de la mano del hombre. Aunque está claro que esta tipología no se hubiera desarrollado sin los condicionantes del terreno, ocupando laderas como la del cerro del castillo en cuyo entorno se fue desarrollando la localidad. Y ello porque el terreno es lo suficientemente blando para que pueda trabajarse y lo suficientemente compacto para que se garantice la solidez y la impermeabilidad.

Excavadas en las laderas del Castillo y los cerros adyacentes, las cuevas y casas cueva se disponen formando calle con el resto de las casas, en hileras a las que se accede a través del resto de calles o callejones, de forma similar a como ocurre en otras localidades. Aunque desconozco el ritmo de trabajo y la planificación, viendo la tipología de las cuevas y casas cuevas de Huerta, es posible que su la construcción se iniciara dando un corte vertical al terreno, con lo que aparecería un plano horizontal que serviría de fachada, y en el que se trazaría la puerta, con un espesor variable que podía oscilar desde 0,50 a 1,5 m. aproximadamente como espesor del muro, espesor que contribuye a que toda la cueva o casa cueva pueda mantener una temperatura constante a lo largo de todo el año y conviertan la experiencia de habitar en ellas en algo realmente único.

Exteriormente los elementos que podemos observar son la fachada y la chimenea. La fachada sólo tiene el hueco de la puerta y si acaso una hueco que hace las veces de ventana y que sirve para ventilación. Aún podemos observar que la fachada más simple aparece encalada directamente sobre el cerro, aunque con el tiempo se han ido añadiendo elementos ajenos como ladrillo, hormigón o piedra. La chimenea, por su parte, es excavada desde el interior, manifestándose al exterior en forma cilíndrica y su función sería la de salida de humos y aireación de la vivienda.

Tras franquear la puerta, aparecería una primera habitación, con techo en bóveda de cañón, planta cuadrada o circular y unas dimensiones de 2,5 a 3 m. de lado y destinada a sala de estar o cocina. A continuación de esta primera estancia, y a su alrededor, se irán excavando el resto de habitaciones, destinadas principalmente a dormitorios y que se separaban de la sala de estar a través de cortinas y donde podemos ver alacenas y despensas excavadas igualmente en el cerro. En principio, y así hemos llegado a conocerlo, todo el recinto estaba encalado, tanto en paredes y techos, como una forma de dar luminosidad y salubridad al recinto. También son habituales los “poyetes” excavados igualmente y cuya finalidad principal es servir como asiento; estos poyetes podíamos encontrarlos tanto en el interior como en el exterior.

Posteriormente a estas cuevas se le han ido adosando fachadas y otros edificios anexos que han conseguido integrarlas en el resto de las construcciones, hasta el punto de que en algunos casos ha desaparecido la tipología primitiva y se ha producido una perfecta simbiosis arquitectónica. Esta evolución es consecuencia de los nuevos tiempos y de las nuevas necesidades que van surgiendo y que hacen que la cueva primitiva se vaya transformando en una edificación que mantiene a aquella como mera muestra simbólica.Casa cueva con fachada integrada en C/ Del Castillo

En todo caso, no podemos olvidar que estas cuevas –hoy casas cueva- han llegado a constituir un rico patrimonio histórico que sería interesante recuperar y proteger, puesto que podría llegar a completar las señas de identidad de nuestro pueblo y convertirse en un nuevo recurso turístico.

Juan Pedro López Adán

10 de julio de 2011